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Independientemente de lo que hagas y por mucho que te guste la actividad que realizas, es inevitable estar desmotivado de vez en cuando. Si esto te sucede, no te preocupes, porque es mucho más normal de lo que nos imaginamos, le pasa a todo el mundo. No obstante si la misma sensación se repite todos los días, meses incluidos, es evidente que no te gusta tu trabajo lo más mínimo y quizás haya llegado el momento de cambiar y  empezar a hacer algo distinto.

Según los expertos, el secreto para estos días oscuros es aprender a manejarlos y centrarse solamente en sacar adelante el trabajo imprescindible, sin darle vueltas a culpabilidades ni a exigencias. Lo normal es que si ese día nos lo tomamos con un poco más de tranquilidad, al día siguiente volvamos a sentirnos fuertes para seguir rindiendo con el mismo nivel de siempre.

Los especialistas en creatividad tienen algunos trucos muy interesantes para hacer frente a los días en que están desmotivados y no tienen ganas de hacer nada. Por ejemplo, si tienen que trabajar delante de un ordenador podrían pasarse el día mirando la prensa y las redes sociales, o lo que es lo mismo, perdiendo el tiempo, lo cual no tiene ningún sentido. Entonces ellos eligen el truco de que es mejor elegir con qué procastinar, es decir, elegir en qué perder el tiempo y utilizar esa actividad a modo de “recompensa”. Se trata de hacer un pequeño trato con uno mismo, apuntar esa actividad en un papel y comprometerse a que solo la llevaremos a cabo cuando hayamos trabajado al menos una hora. Otro truco consiste en establecer huecos de descanso más numerosos que en un día normal y tratar de trabajar el tiempo restante. Aunque en ese día se avance poco, es muchísimo mejor que perder completamente la jornada sin hacer nada.

La noche antes de un día ocupado en el que crees que no vas rendir lo suficiente por el motivo que sea (Cansancio acumulado, una cena que terminó muy tarde, problemas con tus hijos) revisa tu calendario. Aunque probablemente tengas reuniones o compromisos ineludibles, trata solo de planificar para el día siguiente aquellos asuntos que sean más urgentes o importantes. Si vas a estar con poca energía o tienes un mal día, no tiene mucho sentido esperar hacer muchas cosas, si la lista es demasiado exhaustiva es posible que no consigas realizar ni siquiera las cosas más importantes.

Ser productivo es terminar algo que comenzaste y el perfeccionismo es un hábito pernicioso que te impedirá justamente eso, realizar lo que más deseas. Si tienes un mal día porque por ejemplo estas un poco bajo de ánimo, no trates de avanzar en los asuntos más importantes, pues ese día tendrás la tendencia a verlo todo con un prisma más negativo y limitado, así que es mejor dejar pasar ese día y volver a ello en otro momento, cuando uno se sienta de mejor humor. Lo único importante es que la procastinación no se convierta en rutina. Los seres humanos no somos maquinas y tenemos subidas y bajadas en los estados de ánimo de forma natural.

En el transcurso de una semana casi todas las personas se sienten agotadas o perezosas en algún momento. Algunos llevan peor el lunes por la mañana y otros los viernes antes del fin de semana, incluso los hay que no soportan, sin motivo aparente,  algunos días como el martes o el miércoles. Sea como sea, lo importante es que seamos capaces de identificar en qué momentos nos cuesta más trabajar, para utilizar los días de energía más altas en las tareas más importantes. Por ejemplo, ir a visitar a un nuevo cliente o cerrar un negocio son actividades que requieren estar al máximo de nuestra capacidad, consumen mucha energía. Por eso es fundamental saber cuáles son los días buenos para nosotros.

En relación al nivel de energía conviene tener en cuenta que si no eres una persona madrugadora, quizás te convenga levantarte con el tiempo necesario para espabilarte y hacer algo de ejercicio antes de comenzar tu actividad  aunque luego termines tu jornada más tarde. Y si por el contrario lo que te cunden son las mañanas, es mejor madrugar y acabar antes. Para algunos treinta minutos de siesta, pueden ayudarlos a sentirse como nuevos antes de volver al trabajo. Lo esencial es aprender a conocerse a uno mismo.

En los días malos hay que recordar que empezar siempre es lo más difícil. Basta con que uno consiga estar quince minutos en una tarea para que sea más fácil mantenerse en ella durante una hora. Vencer la pereza inicial es lo más complicado. Si conseguimos arrancar, lograremos superar con solvencia el día más aciago.