¿Qué es la INNOVACIÓN?

En los últimos años se ha hablado mucho de la innovación aunque realmente se sabe poco de lo que significa esta palabra. La mejor definición podría ser aquella que contempla la innovación como la creación de algún producto, bien, servicio o proceso que resulte nuevo, o que se salga de lo convencional. Las innovaciones surgen lógicamente de las personas. De esta manera, el innovador es una persona que tiene visión de futuro y capacidad para transformar bienes y servicios en opciones que no existen en el mercado actual. En el siglo XXI, donde la tecnología será aplicada a todos los ámbitos y donde los cambios se realizaran a una velocidad vertiginosa, ser innovador será una de las características más valoradas en un emprendedor. Esto es así sin ninguna duda, aunque para innovar hay que tener una gran dosis de imaginación e inteligencia. También, por supuesto, hay que poseer el coraje necesario para implementar estas innovaciones en el mercado. No es fácil  y no es para cualquiera.

AUTOCONFIANZA, clave para ser innovador

Para ser innovador es necesario, según los expertos, que tengamos unas elevadas condiciones de autoconfianza y de seguridad psicológica. La inmediación temporal tiene que ver con la seguridad psicológica y es importante, porque en un momento dado, uno tiene que poder considerar las consecuencias a corto plazo que pueden derivarse de realizar una acción específica. Podría salir bien o mal y la pregunta del millón es: ¿Tengo yo la capacidad para asumir ese riesgo?

Por otra parte la autoconfianza implica poder otorgarse “el beneficio de la duda” cuando uno ha cometido un error. La seguridad en el propio desempeño puede hacer que en lugar de frustrarnos porque algo nos ha salido mal, tengamos la paciencia de revisar el proceso detenidamente  para encontrar lo que debe cambiarse y no tirar la toalla,  al primer revés que se nos presente. Para tener perseverancia hay que confiar mucho en uno mismo. Desgraciadamente en nuestra sociedad, muy pocas personas tienen una verdadera autoestima sana. Lo más normal es que casi todo el mundo entre en pánico si percibe que puede fracasar o que los demás pueden criticar lo que hace. El miedo a perder la reputación es el principal enemigo de la innovación. Por supuesto que la mejor manera de no tener problemas es no hacer nada o hacer las cosas como las hace todo el mundo, pero así desde luego ni se progresa, ni se sale del montón. Para que nuestro emprendimiento avance tenemos que ser valientes.

5 cualidades básicas para ser innovador

Algunos autores citan cinco cualidades básicas que deberían poseer los innovadores: Capacidad de observación, capacidad de asociar elementos que no tienen en principio ninguna relación, capacidad para estar constantemente haciendo preguntas y un gran interés en experimentar y descubrir cosas nuevas.

Podemos nacer innovadores pero también convertirnos en innovadores. La capacidad de observación, por ejemplo,  es algo que uno mismo puede desarrollar. Como ya dijimos, los innovadores son grandes observadores tanto del entorno como del comportamiento de las personas, lo cual les permite detectar posibles aspectos costosos o molestos, a los cuales aplicar algún tipo de solución para resolverlos o mejorarlos. En muchas ocasiones, las soluciones y las oportunidades provienen de la asociación o combinación de diferentes informaciones o ideas, para lo que es necesario analizar las cosas e inventar posibles interacciones entre ellas. Esto último puede tener como resultado encontrar nuevas soluciones totalmente impensadas hasta el momento.

Mantenerse informado en la materia, otro aspecto básico

También para ser innovador hay que mantenerse informado de los avances y novedades que se están produciendo en el ámbito de la materia sobre la queremos innovar, tanto a nivel de nuevas tecnologías como de la industria, la competencia, el diseño o la publicidad. Hay que aprender a pensar que todo problema tiene varias soluciones posibles y que siempre se puede encontrar una forma mejor de hacer las cosas. No importa si de vez en cuando nos atascamos dándole vueltas a una idea. Hay que continuar. Al final, una vez desarrollada la innovación, no caigamos en la tentación de esperar a que el producto esté muy perfeccionado para darlo a conocer al mercado, ya que es seguro que podremos realizar mejoras en el futuro, sin embargo es fundamental el conocer lo antes posible, cuál es la reacción de nuestros clientes, para ver si les interesa o no.

Debemos asumir que al innovar se corre el riesgo de cometer errores y es mejor reconocerlos y admitirlos cuanto antes, para llevar a cabo los cambios o modificaciones que sean necesarias. Y por último, no olvidemos la necesidad de descansar y relajarnos, pues nuestro cerebro requiere libertad y tiempo para pensar y crear nuevas ideas.